No es cabezonería: puede ser una sobrecarga sensorial
Para los niños con autismo, el propio váter puede resultar una experiencia abrumadora. ¿El asiento? Puede parecerles demasiado frío, demasiado duro, demasiado inestable o, sencillamente, demasiado. Si a eso le sumamos el ruido de la cisterna, la corriente de aire, el eco del baño o incluso la iluminación, tenemos toda una combinación de estímulos sensoriales que puede resultar difícil de gestionar.
Negarse a sentarse no significa que el niño esté intentando llevar la contraria. Puede deberse a la incomodidad, al miedo o a la sensación de no tener ningún control sobre la situación. Y cuando un niño no puede expresar con palabras lo que está sintiendo en su cuerpo, sus reacciones pueden convertirse en una forma de comunicar cómo se siente, especialmente a través de emociones muy intensas o episodios de desregulación.
Es difícil, y puedes reconocerlo
Probablemente ya hayas probado todos los trucos posibles (y quizá hasta hayas inventado alguno por tu cuenta). Un escalón para llegar al váter, un reductor de asiento, cantar canciones, sentarte a su lado… Puede que incluso alguna vez hayas acabado llorando en silencio al sentir que ya no sabías qué más hacer.
Y sí: es normal sentirse desanimado. Todo este proceso puede ser agotador. Los avances pueden ser lentos, a veces puedes sentirte muy solo y no todo sale siempre como esperabas. Sobre todo cuando parece que todas las guías sobre las etapas del desarrollo o los libros para padres dan por hecho que sentarse en el váter no supone ningún problema.
No significa que lo estés haciendo mal. Estás afrontando una situación difícil y, aun así, sigues ahí, acompañando a tu peque. Y eso es algo de lo que puedes sentirte orgulloso.
Y ahora, ¿por dónde empezamos?
🪑 Empieza por sentarse en cualquier sitio menos en el váter
Si sentarse en el váter está completamente descartado por ahora, prueba a empezar en otro lugar. Puedes utilizar un orinal en otra habitación o incluso sentarle sobre la tapa cerrada del váter. De momento, el objetivo no es «aquí es donde hacemos pis», sino «este es un lugar donde podemos sentarnos y sentirnos cómodos».
🧻 Haz que el asiento dé menos miedo (sin presiones)
Deja que tu peque explore el asiento del váter fuera del baño. Puedes utilizar uno de repuesto para que lo toque, lo coja, lo decore con pegatinas… Haz que forme parte del juego antes de introducirlo en el baño. Por ejemplo, podéis utilizarlo como un volante de juguete para que se familiarice con él antes de pedirle que se siente.
A algunos niños les ayuda sentir que el asiento es suyo: «¡Este es TU asiento especial!». Esto puede darles una mayor sensación de control durante el proceso de aprender a ir al baño.
También puedes añadir algo de acolchado, una funda cálida o incluso una tela que le resulte familiar y que haya ayudado a elegir. Hacer que la experiencia resulte lo más cómoda y agradable posible puede ayudar a tu peque a sentirse más tranquilo en un entorno que, para él, puede resultar difícil.
💡 Deja que observe, sin pedirle que lo haga
Deja que vea cómo tú o alguno de sus hermanos se sienta en el váter (siempre que estén de acuerdo). Muéstrale cómo se hace, pero sin presionarle. Haz que sea algo tranquilo y breve, sin esperar nada a cambio. Con el tiempo, puede despertar su curiosidad, y eso ya es un avance.
🧸 Conviértelo en una rutina, sin darle demasiada importancia
Ir al baño no tiene por qué convertirse en un momento complicado. Incluso algo tan sencillo como entrar en el baño, lavarse las manos o sentarse sobre la tapa cerrada del váter como parte de una rutina puede ayudar. Saber qué va a ocurrir aporta tranquilidad y puede ayudarle a sentir que tiene la situación bajo control.
🎧 Haz que el baño resulte más cómodo
¿Es el ruido? ¿El eco? ¿La cantidad de estímulos que generan los azulejos y el propio baño? Prueba con auriculares con cancelación de ruido, una iluminación suave o incluso su música favorita. Adapta el baño a sus necesidades sensoriales para que también pueda convertirse en un espacio tranquilo y seguro para tu peque.
Recuerda: cada pequeño avance cuenta
Habrá días en los que sentirás que habéis dado un gran paso adelante. Otros parecerá que habéis vuelto al punto de partida. Es normal. ¿La clave? No tener prisa y celebrar los pequeños logros:
- ¿Se ha sentado en la tapa cerrada durante 5 segundos? ¡Un logro!
- ¿Ha entrado en el baño sin salir corriendo? ¡Un gran logro!
- ¿Ha visto el asiento del váter sin ponerse nervioso? ¡Todo un logro!
Los pequeños pasos también son avances, y poco a poco van sumando, aunque en ese momento no siempre lo parezca.
¡Lo estás haciendo genial!
No hace falta restarle importancia: ayudar a un niño con autismo que se niega a sentarse en el váter puede ser realmente difícil. Pero ahí estás, buscando respuestas, probando cosas nuevas y acompañando a tu peque con paciencia, cariño y comprensión.
Y eso cuenta. Eso importa.
Llegará un momento —quizá no hoy, quizá tampoco la semana que viene— en el que las cosas empezarán a cambiar. Y cuando ocurra, será gracias a todos esos pequeños pasos que estás dando ahora, con calma y sin presiones.
¡Lo estás haciendo muy bien!
Aviso importante:
Este artículo tiene únicamente fines informativos y no sustituye el consejo, diagnóstico o tratamiento de un profesional sanitario. Consulta siempre con un profesional sanitario cualificado si tienes alguna duda relacionada con una afección médica o con la salud de tu hijo. Nunca ignores el consejo de un profesional sanitario ni retrases la búsqueda de atención médica por algo que hayas leído aquí.